Pérez Rubalcaba soporta el lastre de una difícil gestión
MADRID.- De sonrisa constante y mirada astuta y penetrante, Alfredo Pérez Rubalcaba, ganó popularidad por su lucha contra ETA, imponiéndose como el hombre de las misiones delicadas y el comodín de un Partido Socialista Obrero Español (PSOE) más preocupado en contener la debacle anunciada para las elecciones de mañana que en armar un gabinete oficialista para suceder a un deteriorado José Luis Rodríguez Zapatero.
A sus 60 años, este orador brillante tiene una larga carrera política y construyó pacientemente una imagen de hombre de Estado. Más allá de su pequeña estatura y de su calvicie y barba canosa, seduce a su público con ingeniosas ocurrencias y comentarios.
Nació el 28 de julio de 1951 en Solares, Cantabria (en el norte del país), hijo de un aviador que estuvo en el banco nacionalista durante la Guerra Civil española. A los 30 años se enteró de que su abuelo era militante republicano. En 1974, cuando agonizaba la dictadura franquista, se sumó al PSOE.
Con la llegada de Felipe González a la Presidencia del Gobierno en 1982, comenzó su carrera pública y diez años después encabezó el Ministerio de Educación, a partir de su amplia experiencia docente (fue profesor de química en Madrid, Francia y Alemania. También fue portavoz de ese Gobierno, función que volvió a tener con Rodríguez Zapatero con quien además se desempeñó como ministro del Interior y vicepresidente.
Estratega con una gran habilidad para el detalle y un negociador muy experimentado, es un ágil orador parlamentario con toques sarcásticos y hasta malvados.
Casado, sin hijos y abocado a la crianza de sobrinos huérfanos, fanático incondicional del Real Madrid (tal vez el único punto de contacto con el conservador Mariano Rajoy) y a la música clásica, fue un reconocido atleta: velocista en 100 metros, en esta carrera va muy detrás cuando ya queda muy poco para la meta, aunque una reciente encuesta lo ubicó como el político mejor formado para dirigir el país.
Pérez Rubalcaba encaró su campaña con la denuncia sistemática de un plan de Gobierno oculto del Partido Popular, el que, de ser conocido, le restaría votos a la agrupación opositora. Pero ni aún con la estrategia del temor ha logrado recuperar terreno electoral.
Su previsible derrota del domingo (si nada excepcional ocurre) se deberá más a las deficiencias de la gestión de Rodríguez Zapatero en la debacle económica española (en especial, frente al imparable desempleo y a la adopción de medidas de austeridad contrarias a un pensamiento de izquierda) y a los problemas de credibilidad del PSOE, que a defectos propios. (Especial-AFP-Reuters)
Rajoy está a las puertas del triunfo por su perseverancia
MADRID.- A falta de carisma, el conservador Mariano Rajoy, muy probable futuro Presidente del Gobierno español (tras fracasar dos veces frente al socialista José Luis Rodríguez Zapatero), ha hecho de la perseverancia un arma política y proyecta una imagen tranquilizadora, seria y fiable ante la crisis.
"Soy Mariano Rajoy, español y gallego, nacido en Santiago (de Compostela)". Así comenzó su autobiografía, publicada hace poco, el hijo y nieto de juristas que nació el 27 de marzo de 1955, que se educó en la tradición católica y que cultiva un perfil sobrio y hasta tedioso. El único de sus vicios que trascendió es fumar puros.
Poco conocido en el extranjero, criticado por indeciso y con dudas sobre su capacidad para tomar decisiones importantes con celeridad, ha logrado sin embargo reagrupar en torno suyo al Partido Popular (PP) y hacerlo olvidar de las derrotas en 2004 y 2008. Tras estudiar en una escuela jesuita y en la Facultad de Derecho, entró a la política en la Alianza Popular (AP) fundada por el ex ministro franquista, Manuel Fraga Iribarne, que se convertirá luego en el PP. Discreto pero temerario, fue elegido diputado regional con 26 años, y siguió escalando hasta convertirse en el hombre de confianza de José María Aznar (mandatario de 1996 a 2004), que lo nombró su sucesor: fue, sucesivamente, su ministro de Interior, de Educación y de Administraciones Públicas, el portavoz de las decisiones de Gobierno y su vicepresidente.
Borrando poco a poco su imagen de derechista puro y duro, se presenta como un dirigente "previsible, patriota, independiente, moderado" en contraste con "la inconsistencia y la frivolidad" supuestas de Rodríguez Zapatero. Rajoy se ha puesto a estudiar inglés intensamente (habla bien el francés); se lo define como un gran europeísta, con una buena relación con la canciller alemana, Angela Merkel.
Amante de los deportes y aficionado del Real Madrid (simpatía que comparte con su máximo rival, Alfredo Pérez Rubalcaba) y al ciclismo, es un buen padre de familia (está casado con Elvira Fernández y tiene dos hijos), un hombre de Estado y un gran mediador que llegó a acuerdos con los socialistas sobre la reducción del déficit y se alegró por la renuncia de ETA a la violencia. Tras protestar contra la flexibilización del aborto y el matrimonio homosexual, es ambiguo qué pasará con muchos de estos temas si llega a la Presidencia.
Esta vez cuenta con todas las apuestas a su favor: las encuestas le dan una ventaja de 17 puntos, y sólo una imprevisible catástrofe política lo vería derrotado. Este (hoy impensable) escenario significaría, inevitablemente, su final público. (Especial-AFP-Reuters)